Amor, nunca me dejes.
Amor...
La palabra más hermosa que pueda existir. ¿O quizás sea Esperanza?
Sea la que sea, ambas son palabras inmensas, cargadas de un valor emocional tan enorme que a veces da hasta miedo pronunciarlas.
Pero... ¿y qué es el amor?
En efecto.
A mi parecer son pocas, o mejor dicho, muy pocas las personas que saben o tienen el privilegio de saber qué es el amor. Y es que estamos hablando de un sentimiento tan relevante que no todas las personas son capaces de darse cuenta de que lo poseen, lo conocen o incluso de saber lo que realmente es.
Yo misma, a pesar de estar aquí intentado describir qués es eso tan enorme que esa palabra guarda detrás de las letras que la componen, creo que no soy capaz de decir con exactitud qué es el amor.
Sin embargo, creo haberlo sentido.
Sí, lo he sentido.
Porque el amor, cuando se conoce es cuando se siente. El amor es ese sentimiento que te hace darte cuenta de que tu vida cambia; de que coge una dirección improvisada sin darte explicaciones. El amor es ese sentimiento capaz de transformar tu vida sin que te des cuenta, sin que puedas cambiarlo. Porque el amor es, junto con la esperanza, la razón de ser del ser humano.
Sólo hace falta reflexionar un poco: ¿qué sería de nuestra vida sin el amor? De dónde sacaríamos las sonrisas, los abrazos, las buenas intenciones, la amistad... o enamorarse.
Enamorarse. Esa palabra que a tantas personas atemoriza hoy en día porque han confundido el sentido de la vida; han confundido el sentido del amor.
El amor no es más que una entrega, una entrega de tu persona, de todo lo que tú eres a la persona que amas.
El amor es aceptar sin previo aviso todo aquello que compone a la persona con la que decides compartir tu vida. No es más que eso.
Sin embargo, hay personas que no creen en el amor.
No creen en el amor porque lo relacionan con privar tu libertad por el hecho de entregarte a otra persona. Lo relacionan como un cambio fortuito en tu vida que no hace más que privarte de aquello que te permite disfrutar para pasar a una vida terrena vana y sin sentido en la que todo es monotonía.
Pobres.
Pobres todos aquellos que piensan que eso es así; todos aquellos que piensan que su vida termina al enamorarse.
Pobres todos aquellos que no conocen el amor.
No conocen lo que es compartir todo lo que tienes, dar todo lo que eres a esa persona por la que darías incluso tu vida.
Es en estos momentos cuando echo la vista atrás y hago un repaso a mi vida, situándome en cada momento en el que existió el amor. Sin embargo, 20 años después, me doy cuenta de que el amor, sólo apreció una vez en mi vida.
Aquella vez, hace poco más de año y medio, que apareció la persona que cambiaría mi vida hasta ahora.
Y así es, casi 19 meses después, tras muchas lágrimas derramadas, tras muchos obstáculos superados y por superar y, tras muchas cosas más, puedo decir con certeza que estoy enamorada.
Enamorada, sí.
Esa palabra que la gente, o bien no entiende, o bien cree entender.
Enamorada y, aunque a veces me pueda el sufrimiento, dispuesta a seguir hacia delante, a luchar por un día más y así completar una vida a tu lado; porque como bien te he dicho tantas veces, tú eres exactamente eso, tu eres mi vida.
Y para eso estoy aquí.
Estoy aquí para decirte, o más bien recordarte una vez más que quiero luchar, que una vez más quiero que me cojas de la mano y me digas que tu y yo podemos con todo... porque aunque a veces se me olvida, yo se que es así, y más si eres tú quien me lo recuerda.
Y que si me caigo, vuelvas a levantarme; vuelvas a recordarme que tú y yo hemos superado lo insuperable y que, junto a Dios, saldremos adelante.
Gracias por todo vida mía...
Te amo.