Por fin es 31 de Diciembre, último día del año.
Por fin ha llegado el momento en el que puedo hacer este post del que tantas ganas tenía. El motivo: hacer un resumen de este año 2012, que la verdad, ha dado para mucho; quizás para más de lo que quería o, viéndolo desde otra perspectiva, para más de lo que esperaba.
Empecemos desde el principio; comienzos del año.
Siendo sincera, ha sido el año que más jodido ha empezado.
La explicación es que mi novio, después de 1 año y 8 meses, me dejó.
Pasé unos meses bastante hundida, sin ganas de casi nada pero gracias a Dios pude seguir hacia delante, gracias a mi familia y a mis amigas.
Poco después de esto fue cuando tomé una de las mejores decisiones de mi vida, la cual no vino por casualidad, de eso si que estoy segura.
Fue entonces cuando comencé a conocer gente nueva. Todos ellos me recibieron como si me conociesen de toda la vida, con un cariño y una alegría y confianza que nunca antes me habría imaginado.
Todos ellos me ayudaron a salir hacia delante cuando los puse al tanto del bache tan duro que estaba pasando en esos momentos de mi vida.
Se han desvivido todos por mi, han conseguido que hoy en día pueda llegar a decir que los quiero como si los conociese desde que nací, como si llevase con ellos 19 años, sin separarnos.
Y es que realmente en parte ha sido así, desde que los conocí, no me he separado de ellos en ningún momento; cuento con ellos para todo, y por supuesto, ellos conmigo. Se han convertido en personas indispensables en mi vida, personas a las que hoy en día puedo decir también que quiero muchísimo más de lo que nunca podría llegar a haber imaginado.
El año fue mejorando como se puede imaginar.
Gracias a ellos, a mi familia y amigos de toda la vida, conseguí poco a poco olvidarme de aquello que me había pasado a principios de año y que tanto dolor y sufrimiento me había causado.
Desde aquí he de decir que, aunque sean pocas las veces que lo diga, soy consciente de la inmensa suerte que tengo de tener a la familia que tengo. Una familia que se desvive por mi en cualquier momento y ante cualquier circunstancia.
Tengo un hermano que, aunque nunca lo diga ni se lo diga, quiero muchísimo. Siempre me he llevado muy bien con él. De pequeños no había ni una sola noche en la que mis padres no tuvieran que venir a su habitación a reñirnos por el estruendoso escándalo que formábamos con nuestras densas risas y carcajadas.
Desde aquí quiero decir que lo quiero, que aunque hoy en día por diversas circunstancias ya no nos llevemos igual de bien, para mi siempre será ese hermano que hizo miles de tonterías con su hermana hasta que se nos pasó la época, pero que mi amor por él nunca tendrá final.
De mi padre... de él si que no tengo palabras.
Tengo un padre que, realmente quien me conozca sabe que sólo hace falta ver cómo me pongo cada vez que lo veo aparecer; siento una verdadera pasión por mi padre.
Mi vida no sería la misma sin él; me llena de alegría, de diversión; es capaz de convertir un mal día en uno lleno de sonrisas con sus múltiples tonterías que sólo él saber hacer. Sabe perfectamente cuál es la cable para hacerme sonreír como una tonta y reírme como una niña. Mi padre es uno de los complementos indispensables de mi vida; sin él nada sería lo mismo y lo quiero tanto que que ni yo misma soy consciente.
Que aunque nunca se lo diga, la quiero, la quiero muchísimo y que nunca tendré días para agradecerle todo lo que lleva hecho por mi todos y cada uno de estos días que componen mis 19 años de vida.
Y después de todo este momento de sentimentalismo, continúa mi año 2012.
Empezaron a llegar nuevos chicos a mi vida, pero como es evidente, después de una relación de casi dos años, pocas personas iban a aparecer ahora con la capacidad de que yo pudiese de nuevo volver a sentir algo.
Y efectivamente, por mucho que yo me empeñara en seguir hacia delante conociendo a otros chavales, nada me iba a hacer olvidar lo que hacía poco tiempo había pasado. Evidentemente, el dolor cada vez era menor, pero no por ello era capaz de volver a enamorarme de otra persona que no fuera él.
Sin embargo, pasó algo que yo no tenía previsto. De la multitud de gente nueva que he conocido este año, hubo alguien que se llevó el galardón de oro. Hubo alguien que, desde el principio, digo más, desde el primer momento en que me conoció, se preocupó y desvivió por mi en todo momento. Desde el primer momento en el que crucé la primera palabra con él ya sabía que sería alguien indispensable en mi vida.
Era un chaval diferente a todos los demás, me llamó la atención desde el principio y yo sabía que no pasaría indiferente por mi vida.
Efectivamente hoy puedo decir que no estaba equivocada y que ese chaval, hoy por hoy, es el niño del que estoy enamorada; un año después de que mi anterior relación se fracturara en pedazos, él solo, siendo tal y como es, ha conseguido llenarme hasta tal punto de volver a ilusionarme, hasta tal punto de que yo haya podido olvidar mi pasado y centrarme en un presente que comparto con él.
Ahora mismo estoy escribiendo esto y aún no me lo creo. Aún no me creo que ese niño llegase a mi vida aquel 25 de Abril, un miércoles más de Feria de Sevilla, sin planearlo. Aún no me creo que vaya a acabar el año y que lo último que he recibido de él hayan sido sus besos, llenos de ese amor que sólo él sabe trasmitirme; aún no me creo que el año vaya a acabar de una forma completamente inversa a como comenzó, cosa que si me lo dicen hace 9 meses, nunca me lo hubiese creído y me hubiese reído en la cara de cualquiera que me lo contara. Porque realmente, por muchas horas que yo dedique a escribir en este blog, nunca llegaré a poder trasmitir mediante palabras lo inmensamente feliz que este chaval me ha podido llegar a hacer.
Sinceramente, creo que nunca tendré días suficientes para darles las gracias a Dios por conducirme hasta él, por ponerlo en mi vida y por permitir que nos enamoráramos. No me cabe ninguna duda de que él no es un producto de la casualidad, porque la casualidad no sabe cuál es el momento perfecto en el que tiene que actuar y, sin embargo, él llegó justo en el momento que más lo necesitaba. Me ayudó desde el primer momento y, sin que yo me diese cuenta, consiguió así que yo pudiese volver a enamorarme...enamorarme de él.
Lo que parecía el peor año de mi vida cuando comenzó, ha terminado siendo EL MEJOR de todos estos 19 años que llevo viviendo. Lo digo y no se me traban las manos al escribirlo.
Estoy más que segura de ello, porque todas las personas que me han llegado a lo largo de este año, han sido de las mejores cosas que me han pasado en la vida, añadiéndole a ello que han estado todo este año a mi lado todas mis amigas que nunca me han fallado, mis amigas de toda la vida.
Esas amigas que son las mejores del mundo, las mejores que se pueden tener; esas amigas que sabes que NUNCA te van a fallar.
Que no hace falta que estén todo el día colgadas de tu brazo para que sepas que, en el momento que tú más lo necesites, ellas van a hacer todo el posible para estar a tu lado, ayudándote, dándote consejos, escuchándote, o incluso escuchando las miles de capulladas que puedes decir con tal de que te vean sonreír.
Y qué mejor manera de terminar este post que dándole las gracias al único que aún no se las he dado: a mi rubio.
Gracias... gracias se me viene excesivamente corto a la hora de ponerme a pensar en todo lo que has conseguido hacer por mi a lo largo de estos 8 meses.
Son muchas las veces que ya te he dicho todo lo que siento, todo lo que te agradezco que has hecho por mi, pero no puedo dejar pasar un día como el de hoy, el último día del año en el que llegaste a mi vida, para agradecértelo de nuevo.
Gracias por venir ese día a la Feria, gracias por pedirme que te llevase el chaleco en el bolso, gracias por hablarme.
Gracias por escucharme mientras decía en alto mi tuenti, captarlo y agregarme al día siguiente.
Gracias por abrir todas esas conversaciones de chat de tuenti que nos llevaron a alcanzar esa enorme confianza en tan poco tiempo.
Gracias por empezar a llamarme a mi casa esos primeros días, que nos pasábamos hasta una hora hablando de tonterías después de comer. Gracias por escucharme tantas y tantos horas, por permitir que te contara mis problemas, por escuchar y soportar mis lágrimas con la mayor valentía y entereza posible a pesar de que te costaba escucharme así. Gracias por fijarte de una manera o de otra en mi desde el primer momento que me conociste.
Gracias por esas primeras fotos que nos hicimos en la puerta de la parroquia y que ninguna salía en condiciones. Gracias por esa confianza que depositaste en mi desde que me conociste y gracias por no perder la esperanza en mi.
Gracias por esa invitación el cine y por Blancanieves y la Leyenda del Cazador, por esa cena en mi casa con salchichas.
Gracias por todos esos ánimos los días previos a mis exámenes. Gracias, y mil gracias por todos esos miles de mensajes privados a tuenti que llevas escribiéndome durante 8 meses y que, de vez en cuando me pongo a leer como una tonta, por los mensaje directos que ahora me mandas a twitter; gracias por esos tweets que no me dejan dormir y que hacen que me meta en la cama con una sonrisa enorme.
Gracias por todas esas larguísimas noches que te pasaste hablando conmigo por tuenti, con o sin cam, y que nos pasábamos horas y horas hablando de miles de cosas sin parar.
Gracias por aquel día viendo El Señor de los Anillos.
Gracias por esas canciones, por Enya, por Maná, Fito...por Payphone, El secreto de las torugas y, por supuesto, gracias por I wont give up.
Gracias por esa camiseta de Burton que me regalaste y de la cual no me despego.
Gracias por escuchar todos mis consejos, por aplicarlos y por intentar ser mejor cada día, sólo porque quieres verme feliz.
Gracias por todos esos días que me invitaste a tu piscina, por esos días que se te olvidaron los pases y subimos a tu casa y me enseñaste los imanes de tu nevera.
Gracias por todas aquellas tardes de verano que pudimos estar juntos, en nuestro rincón de siempre de tu portal.
Gracias por ese 25 de Julio, por ese "no puedo más" y por ese beso que me diste.
Gracias por tu brillo de ojos al mirarme, por tus temblores al verme y al abrazarme.
Gracias por esa sorpresa de cumpleaños que me organizaste, consiguiendo por 1ª vez en mi vida que no me oliese nada.
Gracias por ese día en el portil, por esas conchas que me diste y que ahora estoy viendo colgadas en el corcho de mi cuarto.
Gracias por ese corazón dorado que me regalaste y que no me pongo por miedo a oxidarlo o perderlo, gracias por el cariño y amor que pusiste al regalármelo.
Gracias por el recibimiento que me diste aquel día al llegar a la palabra, esperándome en la esquina y por aquel chicle de mora.
Gracias por escogerme el color de las uñas.
Gracias por decirme cada día algo bonito con tal de verme sonreír.
Gracias por cogerme de las manos, por abrazarme y no soltarme...
Gracias por venir corriendo a mi casa, gracias por tu bombón de Lindt.
Gracias por tus te quiero.
Gracias por los besos que me has dado.
Gracias por haberme permitido estar contigo esta tarde, por haber hablado tanto conmigo, por escucharme de esa manera tan especial que tienes y que sabes que me encanta. Gracias por haberme colmado la tarde de esos besos que me das, por abrigarme y abrazarme a la vuelta...
Gracias por todo, por esas miles de cosas que se me quedan atrás y por las que, si siguiera, jamás terminaría. Gracias por permitirme poder empezar el año sabiendo que me quieres y que estoy enamorada de ti.
Gracias mi vida; porque en eso te has convertido, en mi vida.
Gracias por todo, gracias por estos 8 meses.
Gracias Miguel Rodríguez Martín.